Las vergüenzas del casco antiguo de Avilés, al aire.
El túnel del tiempo existe. Basta con recorrer las calles del casco histórico avilesino para retroceder a un pasado de leyendas, de artesanos que convivían con familias de blasón y de construcciones de piedra que crecieron apretadas -efecto faja lo llaman- muro contra muro. El pasado atrae y, más aún, la historia de una ciudad milenaria que creció con las mareas. De ahí que la parte vieja de Avilés reciba cada día -especialmente si son festivos- a decenas de turistas: el casco histórico de Avilés gusta, pero incluso los defensores del adoquín reclaman a la Administración que se esfuerce en su conservación.
Las peticiones resonaron al unísono, otra vez, esta semana, después de que un joven gijonés, Alejandro G. P., sufriera en la madrugada del pasado domingo un grave traumatismo craneoencefálico al caerle sobre la cabeza el capitel de una columna de la calle Rivero. El herido permanece desde entonces en coma profundo. Los vecinos, representantes políticos y viandantes que transitan a menudo por las calles peatonales del casco histórico avilesino no quieren nuevos accidentes con posos de piedra caliza.
LA NUEVA ESPAÑA realizó el pasado jueves el itinerario que propone la Mancomunidad Comarca Avilés para conocer el casco viejo: dos kilómetros cuadrados que reúnen un rico patrimonio cultural declarado conjunto histórico artístico monumental en 1955, casi al tiempo que Ensidesa comenzaba a producir. El paseo comienza en el barrio de Sabugo, el más antiguo de la ciudad, donde antaño habitaban pescadores y constructores de barcos.
En las inmediaciones, dos construcciones requieren, a juicio de los vecinos, atenciones: la primera, las naves de Balsera, construidas en torno a 1910 y usadas de aquella como almacenes de coloniales. Actualmente están en desuso y las propuestas para que reabran sus puertas se amontonan mientras el tejado de este legado del patrimonio industrial amenaza con venirse abajo. Los vecinos reclaman también que se mejore el estado de conservación de una vivienda de varias plantas y con los ventanales tapiados en la calle de Emile Robin.
El paseo continúa por el parque del Muelle, el primero público de la ciudad, donde son habituales los destrozos por vandalismo los fines de semana. Del Muelle, a la iglesia de los padres Franciscanos donde en junio del año pasado se desprendió parte de la cornisa de la fachada más próxima a la capilla del Santísimo. El itinerario sigue, tras pasar la plaza de Carlos Lobo, por la calle de la Ferrería, la más antigua de las conservadas desde la Edad Media. Los viandantes se mostraban quejosos por el estado de algunas columnas, especialmente las de menor diámetro.
La plaza de España hace las veces de «punto cero» del patrimonio histórico avilesino. Rivero y Galiana, ambas hacia al Sur y construidas coincidiendo con la «expansión del Barroco», son como dos brazos que suman, en total, 451 metros de soportales. Sólo en Rivero, en la acera derecha donde el joven Alejandro G. P. sufrió el accidente, existen 116 metros de arcadas construidas con piedra caliza de las canteras avilesinas de Bustiello y La Magdalena.
Los vecinos exigen en ambas calles que se revise el estado de estas piedras, susceptibles de desgaste por la acción atmosférica. «El accidente que sufrió este chico se veía venir, le pudo pasar a cualquiera», aseguraron los peatones que a menudo transitan por estas calles y que, ahora, miran con lupa cada pilar: unos, cubiertos de moho; otros, consumidos por la historia. En Galiana, además, los caminantes exigieron que se tomen medidas en una de las viviendas próximas a la salida del parque Ferrera, apuntalada y acordonada ante el riesgo de derrumbe.
El itinerario por el casco histórico de Avilés atraviesa, no obstante, calles y plazas donde lucen viviendas recientemente rehabilitadas, así como construcciones religiosas y civiles -los palacios de Valdecarzana, Camposagrado, Ferrera o los caños de San Francisco- que no se escapan de los objetivos de los turistas. LA NUEVA ESPAÑA finalizó el recorrido por el puzle histórico de Avilés en la plaza de abastos Hermanos Orbón, tal vez el conjunto arquitectónico más singular de la ciudad, con galerías de madera sostenidas por columnas de hierro. Se construyó a finales del siglo XIX ganando terreno a las marismas. Próximamente la plaza de los comerciantes se someterá a obras de restauración. Los años también han hecho mella en esta edificación que luce a pocos pasos de Sabugo, en el casco antiguo, la parte más vieja y llamativa de Avilés.
Fuente. lne.es;Myriam MANCISIDO




